En nuevo arte de hacer libros

por Ulises Carrión - (publicado en “Second Thoughts”, Void Distributors, Amsterdam, 1980)

EL LENGUAJE  

Un escritor del nuevo arte escribe muy poco o no escribe nada.Un lenguaje no-intencional es un lenguaje abstracto: no hace referencia a ninguna realidad concreta.Cada palabra existe como elemento de una estructura – una frase, una novela, un telegrama.

¿QUÉ ES UN LIBRO?

Un libro es una secuencia de espacios.

Cada uno de estos espacios es percibido en un momento diferente – un libro es también una secuencia de momentos.

Un libro no es una caja de palabras, ni una bolsa de palabras, ni un portador de palabras.

Un escritor, contrariamente a la opinión popular, no escribe libros.

El hecho de que un texto esté contenido en un libro, procede sólo de las dimensiones de este texto; o, en el  caso de una serie de textos cortos (poemas, por ejemplo), de su cantidad.

Un texto literario (prosa) contenido en un libro ignora el echo de que el libro es una secuencia autónoma espacio-tiempo.

Una serie de más o menos textos cortos (poemas de diversos autores)  distribuidos en un libro, siguiendo cualquier orden particular revela la naturaleza secuencial del libro.

Lo revela, es posible que lo use, pero no lo incorpora o asimila.

El lenguaje escrito es una secuencia de signos que se expanden en el espacio; la lectura de los cuales sucede en el tiempo.

Un libro es una secuencia de espacio-tiempo.

Los libros existen originalmente como continente de textos literarios.

Pero los libros, vistos como realidades autónomas, pueden contener  cualquier lenguaje (escrito), no solo lenguaje literario, sino cualquier otro sistema de signos.

Entre los lenguajes, el lenguaje literario (prosa i poesía) no es el más adecuado a la naturaleza de los libros.

Un libro puede ser el continente accidental de un texto, la estructura del cual es irrelevante para  el libro: estos son los libros de las librerías y bibliotecas.

Un libro también puede existir como una forma autónoma y autosuficiente, incluyendo también un texto que enfatice esta forma, un texto que es una parte orgánica de esta forma: aquí empieza el nuevo arte de hacer libros.

En el viejo arte el escritor se autoconsidera como un ser no responsable hacia el libro real. Él escribe el texto. El resto es realizado por los servidores, por los artesanos, por los trabajadores, por los otros.

En el nuevo arte escribir un texto es solo el primer eslabón de una cadena que va desde el escritor al lector. En el nuevo arte el escritor asume la responsabilidad del proceso completo.

En el viejo arte el escritor escribe textos.

Hacer un libro es actualizar su propio ideal secuencia espacio-tiempo por medio de la creación de una secuencia paralela de signos, ya sean verbales o de los otros.

EL ESPACIO

Durante años, muchos años, los poetas han explotado intensamente y eficientemente las posibilidades espaciales de la poesía.

Pero solo la llamada “concreta”, o más tarde, poesía visual, lo ha declarado abiertamente.

Versos acabados a medio camino de la página, versos que tienen un más amplio o estrecho margen, versos separados de los siguientes por una más o menos pequeño espacio – Todo esto es una explotación del espacio.

Esto no quiere decir que un texto es poesía porque emplea el espacio de una u otra manera, pero sí que la utilización del espacio es una característica de la poesía escrita.

El espacio es la música de la poesía no cantada.

Una de estas consecuencias es la poesía concreta y/o visual. Su nacimiento no es un acontecimiento extravagante la historia de la literatura, pero sí representa el desarrollo natural, inevitable de la realidad espacial ganada por el lenguaje desde el momento en que la escritura fue inventada.

En el nuevo arte (en el cual la poesía concreta es solo un ejemplo ) la comunicación es aún inter-sunjetiva, pero tiene lugar en un espacio concreto, real, físico – la página – .

Un libro es un volumen en el espacio.

Es  el verdadero sustrato de la comunicación  que toma el lugar entre las palabras – aquí y allá-.

La poesía concreta representa una alternativa a la poesía.

Los libros, vistos como secuencias autónomas espacio-tiempo, ofrecen una alternativa a todos los géneros literarios existentes.

El espacio existe fuera de la subjetividad.

Si dos temas comunican en   el espacio, entonces el espacio es un elemento de esta comunicación. El  espacio modifica esta comunicación. El espacio impone sus propias leyes en esta comunicación.

Las palabras impresas están aprisionadas en el tema del libro.

¿Qué es más significativo: el libro o el texto que contiene?

El viejo arte asume que las palabras impresas están situadas en un espacio ideal.

El nuevo arte sabe que los libros existen como objetos en una realidad exterior, sujeta a condiciones concretas de percepción, existencias, intercambio, consumo, uso, etc.

La manifestación objetiva del lenguaje puede ser experimentada en un momento y espacio aislado – la página; o bien, en una secuencia de espacios y momentos – el “libro”.

No hay y no habrá nunca nueva literatura.

Habrá, posiblemente, nuevas maneras de comunicar que incluirán el lenguaje o emplearán el lenguaje como base.

Como medio de comunicación, la literatura será siempre literatura vieja.

El lenguaje trasmite ideas, es decir, imágenes mentales.

El punto inicial de la transmisión de imágenes mentales es siempre una intención: hablamos para transmitir una imagen particular.

El lenguaje cotidiano y el lenguaje del arte viejo tiene esto en     común: ambos son intencionales, ambos intentan transmitir ciertas imágenes mentales.

En el arte viejo los significados de las palabras son los portadores de las intenciones del autor.

Como el significado fundamental de las palabras es indefinible, la intención del autor es insondable.

Cada intención presupone, una utilidad.

El lenguaje cotidiano es intencional, es decir, utilitario; su función es trasmitir ideas y sentimientos, explicar, declarar, convencer, invocar, acusar, etc.

El lenguaje del viejo arte es también intencional, es decir, utilitario. Ambos lenguajes difieren tan solo uno del otro en su forma.

El lenguaje del nuevo arte es radicalmente diferente del lenguaje cotidiano. Olvida intenciones y utilidad, y retorna a él mismo, se auto-investiga, buscando formas, series de formas que hagan nacer, asocien, revelen, las secuencias espacio-tiempo.

Las palabras en un nuevo libro son las portadoras de un mensaje, ni las portavoces del alma, ni la moneda de la comunicación.

Aquellas fueron ya nombradas por Hamlet, una ávido lector de libros: palabras, palabras, palabras.

Las palabras del nuevo libro están allí no para trasmitir ciertas imágenes mentales con cierta intencionalidad.

Están allí para formar, junto a otros signos, una secuencia espacio-tiempo que nosotros identificamos con el nombre de “libro”.

Las palabras en un nuevo libro pueden ser las propias palabras del autor o las palabras del algún otro.

El libro más hermoso y el más perfecto del mundo en  un libro con solo páginas en blanco, de la misma manera que el lenguaje más completo es aquel que se extiende más allá  de las palabras que un hombre puede pronunciar.

Cada libro del nuevo arte busca este libro de absoluta blanqueza, de la misma manera que cada poema busca   el silencio.

La intención es la madre de la retórica.

Las palabras no pueden evitar significar alguna cosa, pero ellas pueden ser desposeídas de intencionalidad.

Paradoja: para poder manifestarse así mismo de manera concreta, el lenguaje ha de convertirse primero en abstracto.

El lenguaje abstracto significa que las palabras no están ligadas a ninguna intención particular; que la palabra “rosa” no es la rosa que yo veo ni la rosa que un personaje más o menos ficticio pretende ver.

En el lenguaje abstracto del nuevo arte la palabra “rosa” es la palabra “rosa”. Significa todas las rosas y no significa ninguna de ellas.

¿Como triunfar haciendo una rosa que nos es mi rosa, ni su rosa, sino la rosa de todos, es decir, la rosa de nadie?

Colocándola en una estructura secuencial (por ejemplo un libro), y así en ese momento dejará de ser una rosa y se convertirá esencialmente en un elemento de la estructura.

ESTRUCTURAS

O: cada palabra es parte de un texto.

Nadie ni nada existe aisladamente: todo es un elemento de una estructura.

Cada estructura es a la vez un elemento de una otra estructura.

Todo aquello que existe es una estructura.

Comprender alguna cosa, es comprender la estructura de la cual es una parte y/o los elementos que forman la estructura aquella que es alguna cosa.

Un libro consiste en diversos elementos, uno de los cuales puede ser un texto.

Un texto que es parte de un libro no es necesariamente la parte más esencial o importante de este libro.

Una persona puede ir a la librería para comprar diez libros rojos porque el color armoniza con los otros colores de su sala de estar, o por cualquier otra razón, revelando así el hecho refutable, de que los libros tienen un color.

En un libro del nuevo arte las palabras no trasmiten ninguna intención; son empleadas para formar un texto el cual es un elemento del libro, y es este libro, como totalidad, que trasmite la intención del autor.

El plagio es el punto inicial de la actividad creadora el nuevo arte.

Siempre que el nuevo arte emplea una palabra  aislada, entonces es de un aislamiento absoluto; libros con una única palabra.

Los autores del viejo arte tienen el don por el lenguaje, el talento por el lenguaje, la facilidad por el lenguaje.

Para los autores del nuevo arte el lenguaje es un enigma, un problema; el libro alude a las maneras de solventarlo.

En el viejo arte escribes “Te amo”, pensando que esta frase significa “Te amo”.

(Pero: ¿Qué significa “Te amo”?)

En el nuevo arte escribes “Te amo” teniendo la certeza de que no saben cual es el significado. Escribes esta frase como parte de un texto donde escribir “Te odio” sería la misma cosa.

Lo importante es, que esta frase, “Te amo” o “Te odio”, realiza una cierta función como texto dentro de la estructura del libro.

En el nuevo arte no amas a nadie.

El viejo arte reclama el amor.

En el arte no puedes amar a nadie. Solo en la vida real amas a alguien.

No es que al nuevo arte le falten pasiones.

Toso eso es sangre fluyendo de una herida que el lenguaje ha infringido en los hombres.

Y es también la alegría de poder expresar alguna cosa con cualquier cosa, con casi nada.

El viejo arte busca, entre las formas y los géneros literarios, aquello que mejor funciona para la intención del autor.

El nuevo arte utiliza cualquier manifestación del lenguaje, a pesar que el autor no tiene ninguna otra intención que probar la habilidad del lenguaje para significar alguna cosa.

El texto de un libro en el nuevo arte puede ser tanto una novela como una única palabra, sonetos como chistes, cartas de amor como un comunicado meteorológico.

En el viejo arte, como la intención del autor es fundamentalmente insondable y el sentido de sus palabras indefinible, la comprensión del lector es     incalculable.

En el nuevo arte la lectura misma prueba que el lector la entiende.

LA LECTURA

Para leer el viejo arte, es suficiente conocer el alfabeto.

Para leer el nuevo arte se ha de    entender el libro como una estructura, identificando sus elementos y entendiendo su función.

Se puede leer el viejo arte creyendo que se entiende y estar equivocado.

Tal error es imposible en el nuevo arte. Puedes leer solo si lo comprendes.

En el viejo arte todos los libros son leídos de la misma manera.

En el nuevo arte cada libro requiere una lectura diferente.

En el viejo arte, leer la última página toma mucho tiempo, tanto como leer la primera.

En el nuevo arte el ritmo de lectura cambia, se acelera, de coge.

Para comprender y apreciar un libro del viejo arte, es necesario leerlo a fondo.

En el nuevo arte a menudo No necesitas leer el libro completo.

La lectura puede pararse en el momento en que hayas comprendido la estructura total del libro.

El nuevo arte hace posible leer más rápidamente de lo que lo hacen los métodos de lectura rápida.

Hay métodos de lectura rápida porque los métodos de escritura son demasiado lentos.

El viejo arte no hace ningún caso de la lectura.

El nuevo arte crea condiciones específicas de lectura.

El punto más lejano al cual ha llegado el viejo arte, es pedir cuentas a los lectores, lo cual es ir demasiado lejos.

El nuevo arte no hace discriminaciones entre sus lectores; no se dirige a los adictos del libro o intenta captar al publico de la T.V.

Para poder leer el nuevo arte, y comprenderlo, no necesitas pasar cinco años en una Facultad de Filología.

Para  ser apreciados, los libros del nuevo arte no necesitan una complicidad sentimental y/o intelectual de los lectores en materia de amor, política, psicología, geografía, etc.

El nuevo arte apela a la habilidad que cada hombre posee para comprender y crear signos y  sistemas de signos.

 

Ulises Carrión nació en Veracruz en 1941; más tarde estudió literatura y filosofía en la ciudad de México, París y Leeds. A partir de 1970 vivió en Amsterdam y, desde entonces, sus actividades se desarrollaron fuera de la literatura tradicional y se centraron en las posibilidades espaciales del lenguaje. En esa ciudad abrió “ Other Books and So”, un multiespacio para la producción y distribución de libros de artista que pronto se transformó en centro de vanguardia desde donde se promovieron algunas de las tendencias más críticas y renovadoras de las artes plásticas europeas. Fallece en 1989.

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